
El árbitro Maxi Hernández charló sobre cómo continúa su carrera en España y cómo se vivió en la península ibérica el título mundial de fútbol.
Maxi Hernández dejó Mar del Plata y se instaló en Málaga, España, en 2024. Como ocurre con muchos argentinos que emigran, tuvo que adaptarse a una nueva realidad, construir vínculos y comenzar una nueva etapa. Pero, en su caso, también debió volver a empezar dentro de una cancha de básquet.
Hernández ya tenía experiencia como árbitro en Argentina y había dirigido en la tercera categoría. Sin embargo, al llegar a España tuvo que comenzar nuevamente desde abajo. Hoy, después de transitar ese camino, logró ascender y continúa proyectando su carrera dentro del arbitraje español.
“Me tocó llegar y empezar de cero, por más que venía de pitar en tercera ya. Empecé de cero. Ahora esta temporada pude ascender, así que estoy ahí, con proyecciones para seguir para arriba”, contó en diálogo con Planeta Naranja.
La estructura del arbitraje también presenta diferencias importantes. En Málaga, los árbitros no se organizan en un colegio como ocurre en Argentina, sino que forman parte de un comité que reúne aproximadamente a 250 árbitros. Además, la ciudad cuenta con un básquet de alto nivel, impulsado también por la presencia de Unicaja Málaga y por el desarrollo de jugadores con proyección hacia competencias internacionales.
“Estamos en terreno europeo, así que se pueden ver desde muy jóvenes tallas de jugadores muy grandes. Hay mucho nivel tanto de jugadores como de árbitros y mucha cantidad de árbitros”, explicó.
Pero, para Hernández, una de las mayores diferencias aparece en el comportamiento dentro de los partidos. Acostumbrado a la realidad del básquet argentino, donde muchas veces los árbitros deben soportar insultos, protestas y situaciones de tensión con jugadores, entrenadores y padres, el panorama que encontró en España fue muy diferente.
“Acá es impensado. La verdad que es un lujo ir a pitar. Valoran al árbitro que va a trabajar, lo valoran muchísimo”, aseguró.
Según explicó, los jugadores españoles protestan mucho menos las decisiones arbitrales y también son poco frecuentes las faltas técnicas por cuestiones de comportamiento.
“Los jugadores no hablan. Salvo casos particulares, pero es muy poco lo que se habla, muy poco lo que se pitan de faltas técnicas y cosas de comportamiento”, relató.
La diferencia también se percibe en las tribunas. Hernández señaló que los padres pueden ser más intensos durante el minibásquet, aunque el ambiente se vuelve mucho más tranquilo a medida que los jugadores crecen.
“Una vez que pasan a preinfantiles para arriba es todo muy relajado. Incluso en los partidos que son muy parejos y que se definen sobre el final se protesta muy poco. Se confía bastante en la labor de los árbitros”, destacó.
En ese sentido, también valoró las campañas que se realizan para concientizar sobre la importancia de la tarea arbitral y una particularidad del sistema español: una misma persona puede desempeñarse en diferentes roles dentro del básquet.
“Acá se mezcla mucho que pueden jugar y pueden arbitrar, hacer mesa o ser entrenadores. Una persona puede hacer cuatro cosas, entonces es como que todos son conocidos en el ambiente”, explicó.
La final del Mundial, desde el otro lado del océano
Además de su presente en el arbitraje, Maxi Hernández contó cómo vivió la final del Mundial desde Málaga, siendo argentino y observando el partido en un país que terminó consagrándose campeón.
La experiencia, según relató, fue muy diferente a la que se vivió en Argentina. Para los argentinos que viven en España, el contexto tuvo un condimento especial: seguir a la Selección desde el extranjero y hacerlo en un ambiente donde, durante buena parte del torneo, el apoyo local estuvo del lado de los rivales de Argentina.
“Para nosotros como argentinos verlo de visitante es duro. Es un contexto bastante complicado porque se ha generalizado como un odio a la Argentina por ganar, por desmerecer los títulos de la Argentina”, señaló.
Sin embargo, también aclaró que la situación no representa a todos los españoles y que, en su experiencia personal, recibió muestras de respeto y felicitaciones.
“La mayoría de mis compañeros, tanto de trabajo como de baloncesto, me han dado las felicitaciones igual por el segundo puesto. Es solo fútbol”, contó.
Los festejos españoles también le permitieron comprobar una manera diferente de vivir el deporte. Después de la consagración, los festejos fueron breves y se concentraron principalmente en una zona popular de Málaga.
“Los festejos no duraron más de una hora y media. Ahora estoy afuera, en el balcón de mi casa, y no se escucha nada. Es como si no hubiese pasado nada”, describió.
Una postal muy diferente a la de Argentina, donde los festejos por la Selección suelen extenderse durante horas y transforman las calles de todo el país.
Hernández también contó que, durante el torneo, los argentinos debieron convivir con el apoyo de buena parte del público español hacia los rivales de la Selección.
“Cuando jugamos con Austria, se escuchaba que llegaba Austria al área y los españoles hinchando por Austria. Fue así durante todo el torneo. Cuando Egipto hizo el segundo gol, fue como si hubiese hecho un gol España acá en el barrio”, recordó.
Una nueva vida sin olvidar Mar del Plata
A pesar de estar instalado en España y de haber logrado construir una nueva vida, Maxi Hernández reconoce que Mar del Plata sigue muy presente.
“Cuando llegué acá nos abrieron las puertas tanto de trabajo como de un departamento para alquilar, sin conocernos, sin nada. La verdad que no tengo queja. La gente es muy humana y está para lo que sea”, destacó sobre su experiencia en Málaga.
En lo económico, aseguró que la vida cotidiana también es diferente, aunque remarcó que, como en Argentina, es necesario trabajar para vivir.
“Lo que sí está claro es que a nivel económico uno está un poco mejor. No está ahogado. Puede ir al supermercado con normalidad, echar combustible al auto tranquilo, no está contando las monedas”, explicó.
Pero, al momento de hablar de su ciudad, la nostalgia aparece. El básquet, los vínculos y la gente que dejó atrás siguen formando parte de su día a día, incluso a la distancia.
Desde Málaga, Maxi Hernández continúa construyendo su carrera como árbitro. Lejos de Mar del Plata, pero con el mismo deporte como punto de conexión, intenta seguir creciendo en un ambiente diferente, con nuevos desafíos y una estructura que, según cuenta, le permitió volver a empezar.
Y aunque esta vez no pudo festejar el Mundial con la camiseta argentina, todavía conserva ese vínculo con la ciudad y con el básquet marplatense que lo acompañó durante tantos años.
“Se extraña bastante la gente de Mar del Plata”, reconoció.







